militantes comprometidos

sábado, 10 de septiembre de 2011

NUESTRAS PRETENSIONES REVOLUCIONARIAS,Y EL PERONISMO


Si nuestra compañera Evita, sentenciaba que: “el peronismo será revolucionario o
no será nada”, es hora de interrogarnos acerca de la vigencia del peronismo, o
de la veracidad se su palabra.

El peronismo cuestionado cientos de veces, desde varias expresiones políticas del marxismo, por no erradicar las condiciones de sometimiento y explotación que generan las estructuras del liberal-capitalismo, encasillado en el concepto político de populismo, más de una vez utilizado en términos despectivos, para indicar prácticas demagógicas, otras veces lo toman compañeros, para diferenciarse de los sistemas socialistas, y hasta en los noventa adjetivado,
como populismo conservador.

También nos proviene de la izquierda la caracterización del nacionalismo revolucionario, partiendo de un conjunto de ideas, que expresan nuestra visión antiimperialista, y una lucha por desterrar los lazos de sometimiento y
dependencia de las naciones que hegemonizan la política internacional. Concepto que es apropiado, al señalar acertadamente la contradicción principal, pero posterga el debate sobre una visión integral de la estructura social y la construcción de un orden social igualitario.

A esta cita tampoco han faltado, las visiones que realizan una interpretación propia del llamado policlasismo, admitiendo un carácter capitalista del peronismo, con desarrollo de una burguesía nacional, donde las condiciones de
igualdad, justicia social y soberanía política, se alcanzan desde el fortalecimiento del consumo popular y la formación de Capital hacia el interior de nuestra formación Nacional; se concibe como una fuerte intervención del
Estado en la economía y la sociedad, las distintas variantes que adhieren a esta visión, lo expresan como una barrera al modelo socialista propuesto desde las expresiones políticas del marxismo.

Si alguien intentase abstraer los elementos revolucionarios del peronismo, a partir de estas visiones, se encontraría en serias dificultades, más aún, el peronismo no tendría nada de original, podría considerarse, como un movimiento
que persigue la autodeterminación de su pueblo, para materializar un Estado Benefactor. Frente al neoliberalismo y la globalización del capitalismo, sería de carácter progresista o reformista, pero está muy lejos de ser peronista y
revolucionario.

Preguntarnos si hay un pensamiento político original en el peronismo, nos lleva al encuentro con Perón, examinar ese cuerpo teórico, requiere escindir al pensador, de las relaciones de poder, que condicionan sus decisiones como Presidente de la Nación o conductor de un Movimiento. Esto no inválida, la relación entre la filosofía política, y las decisiones políticas de Perón. Por el contrario es revelador descubrir, que el pragmatismo que se le atribuye, siempre
tiene la impronta de una verdad que lo orienta.

Desde muchos espacios se observa a Perón, como un contrabandista de ideas, constructor de un relato que le otorga sentido a su visión política, su dimensión como pensador, adquiere en estos tiempos una relevancia muy superior
a la del hombre, que procesó un liderazgo en nuestro pueblo, expresando las grandes mayorías de manera indiscutida.

Desde el Perón del 10 de Junio de 1944, inaugurando la cátedra de defensa nacional, hasta el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, hay clivajes en su pensamiento, pero también se pueden rastrear, principios y sistemas de
ideas, que permanecen inalterables. Al indagar sobre ellas, necesariamente nos encontraremos con antecedentes que tributan a su pensamiento, pero también aflora la originalidad de Perón.

En la cátedra de 1944, en el concepto de lo nacional está presente el marco teórico de Von der Goltz, El de nación en armas, también el interrogarse, sobre el destino como Nación frente al proceso histórico y la estructura de poder
mundial, pero le añade el concepto de Justicia Social, el cual lo toma de la doctrina social de la Iglesia, pero utilizado en este marco, poco tiene que ver con la misma, donde la realización del ser nacional, requiere de esta condición, y no es ella, un llamado a la caridad que plantea la Iglesia.

Tal vez el escrito de filosofía política más trascendente es la Comunidad Organizada, cinco años de ejercicio del poder, la sublevación popular del 17 de octubre, las elecciones de 1946, y la convocatoria a una Constituyente, dan cuenta de una abundante praxis, y de un sistema de ideas fecundo y cristalizado.

Es irrefutable, la manera en que Perón cuestiona al capitalismo, sin dejar de reconocerle el gran avance material que representó para la humanidad, lo desprecia y pone en evidencia su interpretación de la libertad, al haber cosificado y desplazado al hombre, como destinatario del avance material. De igual forma cuestiona la dictadura del proletariado, en tanto la resolución política de la desigualdad, que produce el capitalismo no procesa las libertades individuales en lo colectivo, quedando subsumidas y determinadas por quienes controlan el estado y una minoría que fija los objetivos colectivos.

Recupera al hombre como sujeto político, no ya determinado por las condiciones materiales que estructura la sociedad en clases, sino en la idea superadora de una voluntad nacional que requiere de una dialéctica permanente, donde el hombre se realiza de manera consciente a través de lo colectivo, (no es la realización de yo aislado, exitoso de capitalismo, ni el yo realizado en el nosotros, del colectivismo, sino el yo a través del nosotros, propuesto en el
peronismo), la originalidad del planteo se fortalece en nuestro tiempo, mediante el soporte tecnológico, que estrecha distancias entre la realidad y la totalidad pensada sobre la misma.

Desde estos valores y este sentido, nos desafía a una nueva práctica de la democracia, retomando la ética como culminación en la política, donde el bien general, tiene un pueblo libre organizándose desde estos principios, un gobierno que toma decisiones políticas desde los intereses, que el sujeto político expresa, y un estado con capacidad
de instrumentar estas decisiones en forma conjunta con la organización, que libremente desarrolla el pueblo. La autodeterminación, no es una decisión de una elite, es del pueblo como sujeto político soberano y en ejercicio
permanente de su condición.

Este es el carácter revolucionario del peronismo, la centralidad del hombre, la realización a través del ser nacional, un ejercicio completo de la democracia que nos convierte en sujetos conscientes
realizando la historia. Alcanza de esta forma una síntesis en la dialéctica, entre el capitalismo liberal y la dictadura del proletariado.

Desde el materialismo dialéctico, se puede hacer una lectura del peronismo, donde la resolución política de las estructuras de dominación y explotación, pasan por la realización del ser nacional, donde el sujeto histórico son racciones de clase diferenciadas, que necesariamente deberán confrontar con un enemigo interno que controla el mercado, y un enemigo externo que hegemoniza la política mundial, para alcanzar la igualdad y felicidad como aspiración colectiva.

Cuando Evita nos dice, que si no es revolucionario, no será nada, nos está señalando, que en la medida que adopte la ideología liberal capitalista, aún en su modalidad más generosa, la del Estado Benefactor, terminará siendo capitalismo. Es en este sentido que Perón le asigna al Justicialismo, características de un socialismo nacional.

El peronismo como fuerza política, expresada en el Partido Justicialista, ha participado en los noventa, en la instrumentación de un descomunal genocidio social, responsabilizar a una persona de esto, no ayuda al sinceramiento
histórico, y carga de contradicciones nuestro presente, a la vez que coloca bajo un cono de sombras los liderazgos que se proyectan desde políticas, que inobjetablemente están en sintonía con los intereses populares.

Nos abordan nuevos interrogantes, que se sintetizan, en uno, ¿es posible la vigencia del peronismo en los términos revolucionarios que lo concibieron Perón y Evita?, varias son las consideraciones a tener presente, a saber: si es
posible reprocesar liderazgos cargados de contradicciones por el pasado reciente, si existe un activo militante que tiene unidad de criterio frente al marco revolucionario que plantea el peronismo, si hay en nuestro pueblo un nivel de conciencia, que posibilita al peronismo una practica revolucionaria, y si a la vez esta puede nutrirse, del sentido histórico de las grandes gestas y sus mejores hombres.

En este orden de interrogantes, es necesario dar cuenta del abrupto corte del proceso liberador de los setenta, señalar cuales son las estructuras de dominación en el presente, como está internalizada en nuestro pueblo la ideología de los sectores dominantes, bajo las formas de liberal-capitalismo, y expresar en un nuevo diseño político, las demandas populares, y el protagonismo popular que reconstruya los caminos hacia un horizonte de liberación.

Profundizar el modelo, no define nada de cara a nuestro pueblo, podemos los militantes percibir que es un mayor nivel de confrontación, con la oligarquía y el imperialismo; pero si el pueblo no es sujeto de esta historia, siempre habrá un relato dividido, imposible de saldar mediante la batalla en los medios.

El desafío de la hora para los peronistas que reconocemos en este pensamiento político un carácter revolucionario, es pensarnos en reconstruir el Movimiento de Liberación Nacional, de cara al pueblo, con el pueblo, desde sus demandas
más sentidas. Hay una sola cosa que es determinante para sostener este proceso y derrotar a la Oligarquía, es la organización y movilización de las grandes mayorías, con propuestas políticas para resolver sus demandas; es en este
proceso donde se puede sustentar el liderazgo de Cristina, es de esta manera que se saldan los relatos divididos sobre las decisiones de gobierno.

En estas luchas, es donde se conecta nuestro marco ideológico, la historia del peronismo, la crítica y autocrítica sobre los noventa, al presente, en tanto lo convocante sea una definición clara sobre la profundización del proceso, que contenga en diez o quince cuestiones neurálgicas, nuestro destino como pueblo, articulado a la región. Donde se salde definitivamente los debates sobre los temas de exclusión, pobreza y estabilidad (colocando la economía al servicio del pueblo), para realizar la vida de manera feliz, señalando de manera precisa a los enemigos del pueblo, y el control que ejercen sobre las estructuras de dominación.

Hay que resituar la democracia de masas, una democracia completa, protagónica, para terminar con el juego liberal, de las ofertas y los armados, los productos plebiscitarios, sus asesores de imagen, y las prácticas clientelares, el pueblo merece recuperar su soberanía política y apropiar la historia. Donde cada liderazgo se forje en el proceso, siendo parte del mismo y no en un aparato propagandístico, que lo instala como mercancía, para ser consumida por votantes descreídos.

Muchas veces se apela a la mística, pero esta solo existe en los corazones que mantienen fresca la utopía, no son esencialmente el conjunto de ideales que encierra, sino y sobre todo, es la fe ciega, de que se trata de una tarea
colectiva, que protagoniza nuestro pueblo. No hay utopía, si esta última dimensión esta ausente, de nada sirve el militante con grandes ideales, descreído de que puede compartirlos con el pueblo, nadie libera a los pueblos, estos se liberan solos.

Podemos juzgar a todos los genocidas, hasta condenar la oligarquía, que dicto la sentencia de muerte de nuestros compañeros, pero la única manera de honrarlos, y reparar el genocidio social, es culminando la revolución peronista, alcanzando el socialismo nacional, integrándonos a los pueblos de nuestro continente, sin ello, queda flotando la sensación, de que la justicia es incompleta, que es tan sólo una concesión que nos hace el enemigo.

MOVIMIENTO DE LIBERACION CARLOS MUGICA

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