militantes comprometidos

domingo, 3 de junio de 2012

TIPO DE CAMBIO; EN RESPUESTA AL Cº ZAIAT


 - (Nota publicada en pag. 12 – 2/6)

de Gallego Fernández, el Domingo, 3 de junio de 2012 a la(s) 1:50 ·
No es apropiado descartar de plano la corrección de la brecha existente; entre la evolución de precios internos y el dólar; y menos justificar su existencia desde los niveles de competitividad. Tampoco es recomendable para quienes deben tomar decisiones políticas sobre la economía, dejar de observar como la expectativa inflacionaria es determinante de la demanda de moneda extranjera, tanto para preservar valor, como para desplegar conductas especulativas.
Si los precios evolucionan anualmente por encima de un 20% y el dólar apenas alcanza el 10%, correspondería deflacionar ambas monedas y observar y si mantienen el punto de equilibrio o no. Y de no ser así, ver con que medidas de política económica se corrige la brecha.
Por otra parte frente al desequilibrio, el interrogante, no es si se devalúa o no; sino quien paga la devaluación; cuestión que requiere de un formidable consenso en el pueblo para llevar adelante y que el costo lo paguen quienes “la juntaron con pala” y no los trabajadores.
La pregunta interesante no es cuanto hay que devaluar, sino cual es el nivel que debe tener el tipo de cambio, y el desequilibrio, corregirlo con políticas económicas permiten reequilibrar las monedas, por incrementos en el PBI, en las productividades de la estructura económica y en la resolución de los consumos postergados que hay en nuestro pueblo, en ello se resuelve la competitividad.
Es por lo menos un terrible error que se mida la evolución nominal en salario del 2003 a la fecha y que se concluya que es mayor al que muestran otros precios de la economía; en el camino se le paso de largo al amigo Zaiat, la devaluación del 2002, donde se perdió el 50% del poder adquisitivo, o tal vez quiera construir la justificación ideológica de poner techo a las paritarias.
En vez de señalar que el tipo de cambio real deflactado por salarios es superior al promedio de los últimos quince años, debiera indicar que los salarios en dólares son inferiores a ese promedio. En este desarrollo, no hay una sola mención a la brecha existente entre lo precios de servicios y productos internos que rozan o superan valores internacionales con el salario, que representa un tercio de lo que cobra un trabajador en los países centrales.
Observar el comportamiento de la balanza externa y los superávits constantes que genera, no es el resultado de un tipo de cambio adecuado, sino del precio del salario y la energía que tiene el sector exportador, como también debiera tener una lectura más amplia del saldo superavitario de la balanza externa, por ejemplo si ella es el resultado de excedentes de nuestra economía que no consumimos, o se debe a consumos postergados de nuestro pueblo por la brecha existente entre precios y salarios.
En la cuestión regional sería bueno que nos explique, porque persiste una balanza deficitaria con Brasil, a pesar del mayor incremento en términos reales del salario en Brasil con respecto a Argentina.
Cuando considera los incrementos de productividad, tampoco hay distinción entre los incrementos relativos y absolutos, esto último implica, una profundización en la brecha entre salarios y precios, dato empírico que corrobora en que consiste la competitividad del sector exportador manufacturero, un incremento en la productividad absoluta sostenida por vía inflacionaria.
En todo el análisis está ausente la tasa de ganancia de las corporaciones, los niveles de acumulación que lograron en este proceso, el carácter transnacional, sus estrategias globales, las remesas de dólares al exterior, y la demanda de dólares anuales para tales fines. Cuestión que genera muchísima más presión sobre la tasa de cambio, que unos cuantos vivos que quieren especular o preservar el valor de sus ingresos.
El interés de nuestro pueblo no está en mantener inalterables estas variables que brindan competitividad a nuestra economía, salarios a un tercio del valor, en relación a los países centrales y energía barata para sustentar la tasa de ganancia de las corporaciones.
El desafío de nuestro gobierno es responder a los consumos postergados de los argentinos, y desde esa premisa reequilibrar el tipo de cambio; producir saldos favorables de la balanza externa con los excedentes que no se consumen y no con consumos postergados; contar con una política de precios que reequilibre la brecha con los salarios y los equipare a los países centrales; contar con una ley de inversiones externas, donde se paute el retorno de la inversión y las utilidades; desde la autonomía monetaria alcanzada con la última reforma del BCRA y la anulación de los dos últimos artículos de la ley de convertibilidad, construir una herramienta financiera para expandir la economía hacia los sectores con consumos postergados, (vivienda, amueblamientos, indumentaria), e incrementar las productividades globales, transformando, la matriz energética, los transportes, y actualizando tecnológicamente toda la infraestructura de la economía, entre ellos la flota naval que representa una saldo negativo de 7000 millones de dólares anuales; se requiere de una ley de uso productivo del suelo para garantizar la soberanía alimentaria y de un plan nacional de minería que abastezca el sistema industrial.
Es de esta forma que se aprecia nuestra moneda frente al dólar, de lo contrario si lo que se busca es la competitividad de la economía, para sostener el tipo de cambio, la variable de ajuste será siempre la calidad de vida de nuestro pueblo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario