En una habitación alejada, destinada al personal domestico, yace desvelada e inquieta Albertina, a quien los señores entre sus amistades llaman despectivamente.
Se despiertan y la “sirvienta” (levantada una o dos horas antes que ellos) le
sirve un desayuno repleto de exóticos alimentos que no van a comer; luego el chofer retira al niño para llevarlo al colegio privado, y mientras la señora se mete en la “office” a jugar a la mujer independiente que se gana la vida con el diseño de ropa interior, el ingeniero Pedro Eugenio Larreta se apronta para el almuerzo que lo espera en el Hotel Alvear, con figuras tan distinguidas como él.
Albertina Mamani esta angustiada e inquieta pero nadie lo nota: de chiquita se vio obligada a tragarse el llanto ante la impotencia de no ser.
Se siente culpable de haber emigrado de su pueblo natal, de tener trabajo, de no pasar hambre pero aun así no poder ayudar todo lo que quisiera a su hermanito; que vaya a saber porque maldición del destino y la pobreza contrajo esa enfermedad que le esta comiendo la piel.
María Pía Anchorena de Larreta recibe en su casa a su socia y amiga Agostina Somosa de Blaquier, que sabe llegar tarde por culpa del caos vehicular producido por “esos negros que cortan calles todo el tiempo”, y le aconseja a la anfitriona que haga como ella y se vaya a vivir a un barrio privado en las afueras de la Gran Ciudad.
La señora, tradicionalista hasta la medula, le contesta que no, que a ella le encanta estar rodeada por las oficinas de tantas y tan grandes empresas, y que a lo sumo lo que no le gusta de La Recoleta es la contaminación auditiva que hay.
La “mucama” tiembla y recibe un reto porque casi derrama una de las tazas de te sobre la mesa, agacha la cabeza, pide disculpas, y pregunta a la señora si ya se puede retirar.
La patrona le comenta a su amiga que “a esta no se que le pasa que últimamente anda dispersa”, y anuncia que si continua con ese comportamiento la va a echar.
Albertina Mamani escucha desde la cocina, deja caer una lagrima ciega y vuelve a temblar: acaban de avisarle que la enfermedad que aqueja a su hermano no se cura, que es producto de los químicos que arrojan los aviones desde el cielo en las plantaciones y, volviendo a tragarse el llanto, se pregunta que mal ha hecho ese pequeño inocente para que alguien se crea con derecho a rociarlo con veneno y que clase de bestia haría una cosa así.
En eso suena el teléfono: es el ingeniero que llama para anunciarle a su esposa que con la suba del precio de la soja en los Estados Unidos, el valor de las acciones de la compañía están por las nubes y este año van a poder ir al Festival de Cannes nuevamente.
La señora, con un grito desde la sala, enseguida le ordena a la empleada que retire las tazas del te y traiga una botella de champagne.
Albertina, en silencio se saca la lágrima con el delantal, y a la vez que se dispone a volver a trabajar, piensa que mientras en la Gran Ciudad el mundo gira alrededor del dios del dinero o se paraliza a merced del miedo que inyectan los noticieros, en el interior de nuestro País el GLIFOSATO se encarga del control de “mortalidad” de aquellos y aquellas que no están invitados a comer de las sobras del inmundo sistema que imponen las corporaciones y los terratenientes.
MONSANTO EMPIEZA CON M DE MUERTE
Si no sabe lo que es el Glifosato y los efectos nocivos que produce sobre los humanos y sobre el medio ambiente, o no conoce a Monsanto, investigue en Internet, que para eso la tiene.
A.N.A.- Movimiento de Liberación Carlos Múgica (Morón)
Albertina Mamani esta angustiada e inquieta pero nadie lo nota: de chiquita se vio obligada a tragarse el llanto ante la impotencia de no ser.
Se siente culpable de haber emigrado de su pueblo natal, de tener trabajo, de no pasar hambre pero aun así no poder ayudar todo lo que quisiera a su hermanito; que vaya a saber porque maldición del destino y la pobreza contrajo esa enfermedad que le esta comiendo la piel.
María Pía Anchorena de Larreta recibe en su casa a su socia y amiga Agostina Somosa de Blaquier, que sabe llegar tarde por culpa del caos vehicular producido por “esos negros que cortan calles todo el tiempo”, y le aconseja a la anfitriona que haga como ella y se vaya a vivir a un barrio privado en las afueras de la Gran Ciudad.
La señora, tradicionalista hasta la medula, le contesta que no, que a ella le encanta estar rodeada por las oficinas de tantas y tan grandes empresas, y que a lo sumo lo que no le gusta de La Recoleta es la contaminación auditiva que hay.
La “mucama” tiembla y recibe un reto porque casi derrama una de las tazas de te sobre la mesa, agacha la cabeza, pide disculpas, y pregunta a la señora si ya se puede retirar.
La patrona le comenta a su amiga que “a esta no se que le pasa que últimamente anda dispersa”, y anuncia que si continua con ese comportamiento la va a echar.
Albertina Mamani escucha desde la cocina, deja caer una lagrima ciega y vuelve a temblar: acaban de avisarle que la enfermedad que aqueja a su hermano no se cura, que es producto de los químicos que arrojan los aviones desde el cielo en las plantaciones y, volviendo a tragarse el llanto, se pregunta que mal ha hecho ese pequeño inocente para que alguien se crea con derecho a rociarlo con veneno y que clase de bestia haría una cosa así.
En eso suena el teléfono: es el ingeniero que llama para anunciarle a su esposa que con la suba del precio de la soja en los Estados Unidos, el valor de las acciones de la compañía están por las nubes y este año van a poder ir al Festival de Cannes nuevamente.
La señora, con un grito desde la sala, enseguida le ordena a la empleada que retire las tazas del te y traiga una botella de champagne.
Albertina, en silencio se saca la lágrima con el delantal, y a la vez que se dispone a volver a trabajar, piensa que mientras en la Gran Ciudad el mundo gira alrededor del dios del dinero o se paraliza a merced del miedo que inyectan los noticieros, en el interior de nuestro País el GLIFOSATO se encarga del control de “mortalidad” de aquellos y aquellas que no están invitados a comer de las sobras del inmundo sistema que imponen las corporaciones y los terratenientes.
MONSANTO EMPIEZA CON M DE MUERTE
Si no sabe lo que es el Glifosato y los efectos nocivos que produce sobre los humanos y sobre el medio ambiente, o no conoce a Monsanto, investigue en Internet, que para eso la tiene.
A.N.A.- Movimiento de Liberación Carlos Múgica (Morón)

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