de Gallego Fernández, el Sábado, 29 de octubre de 2011, 1:38
Hace bastante tiempo que me preocupa la presión compradora, sobre el dólar; consideraba inoportuno abrir el debate, en el desarrollo del proceso electoral. Por otra parte en los diálogos con los compañeros era llamativo, que un número importante de militantes no lo considere una cuestión política, o peor aún, que es ajena al ámbito de la militancia. Esto y el debate en el programa a “A dos voces”, (Ferreres por la Unión Industria y Ramal por el partido Obrero), hace ineludible fijar nuestra posición, ya que es lastimosa la intervención del economista del partido Obrero.
Como primer elemento relevante debemos considerar, que hay una demanda diaria y constante de 100 a 200 millones de dólares, lo determinante de la demanda no es el conjunto de los argentinos que quiere preservar su ahorro, o timbear un poco con el dólar, tiene dos componentes centrales, a) Las corporaciones que operan en el país y b) Los capitales que ingresaron del exterior a colocar plazos fijos, con rendimiento de un 10% anual en dólares. Siendo el grupo de las corporaciones las determinantes en la presión alcista del dólar.
Sin entrar en demasiados tecnicismos, y facilitar la compresión de los compañeros; el total de Reservas del Banco Central, representa el ahorro de nuestra economía; es el resultado de lo que no consumimos y se destina a las exportaciones, menos el ahorro de otros países, que nosotros importamos. Este flujo de divisas, más aquellas que ingresan por inversiones externas y las que egresan por cancelación de deuda o giros de utilidades al exterior, es centralmente lo que conforma el saldo de las reservas del Banco Central.
El dato inobjetable es que se fueron en lo que va del año, más 15000 millones de dólares, a pesar de que las exportaciones son superiores a las importaciones; donde el total de reservas después de varios años se coloca por debajo de los 50 mil millones.
Las medidas mas recientes obligan a las petroleras y mineras a liquidar los dólares de sus exportaciones en el país, y a las compañías aseguradoras a liquidar en el país, los fondos de reserva depositados en el exterior. Cuestión que no impide que saquen los dólares del país con posterioridad a su liquidación, pueden tranquilamente comprar bonos del tesoro norteamericano, desde sus cuentas corrientes en pesos, y liquidar los certificados en bancos ubicados en otros países.
El otro dato relevante es que hoy a las 13 hs. el Banco Central no atendió más la demanda, y el dólar quedo sin precio en la City.
Las decisiones políticas del gobierno, obviamente que están orientadas a parar la fuga de capitales, pero en ello, es necesario considerar la naturaleza de esta pulseada en el contexto de la crisis global y la conducta de las corporaciones, frente a la voluntad política de profundizar este modelo.
En principio existe una asimetría entre dos variables que hace posible la operación de las corporaciones, esto es la evolución de los precios internos y la evolución del dólar. Ferreres le señalaba a Ramal que los precios de los salarios habían crecido a un promedio anual del 25% durante los últimos tres años, en tanto el dólar no superaba el 10%. Y que existe una emisión de dinero para cubrir el gasto público que alimenta el proceso inflaccionario. Ramal como buen representante de la izquierda boba, coincidía con Ferreres en que el gasto público debía reducirse, y señalaba que el estado subsidiaba a las empresas y que no debía hacerlo. Para todo esto, Ferreres, le trataba de explicar que eso favorecía a los sectores sociales con menos ingresos, pero que le parecía bien que saquen los subsidios, (cuestión felinesca, observar al economista de las corporaciones defendiendo los intereses del pueblo). A todo esto Ramal, sostenía que se paguen salarios más elevados, para que puedan pagar los servicios o bienes que hoy subsidia el estado; (en ello se olvida que hay una cantidad importante de argentinos que no posee empleo). Por supuesto que llegó un momento, en que, si uno desconociese a los personajes del debate, simpatizaría más con las posturas de Ferreres, que con las de Ramal.
El problema está en otro lado, en primera instancia es mentira que hay una emisión directa para financiar gasto público, y si la hubiese y el gasto estuviese asignado a obra pública o cualquier actividad que ampliase la actividad económica, no por ello tendría que generar inflación; solamente la emisión destinada a cancelar deuda pública, puede tener impacto inflacionario. (este es un principio básico para cualquier escuela económica, marxista, neoclásica etc.). El desequilibrio que pueda producir la ampliación de la demanda, solamente puede tener inelasticidad de la oferta, por una decisión de las corporaciones de incrementar la tasa de ganancia.
El otro dato objetivo que Ramal y Ferreres obviaron en el debate, es la tasa de ganancia que durante los últimos tres años tienen las corporaciones y los bancos; prácticamente todas las corporaciones tienen utilidades anuales en relación a su patrimonio superiores al 40%, y en un numero considerable, se aproximan al 100%. Hay que tener presente, que las corporaciones radicadas en los países centrales, están mas que satisfechas si sus balances arrojan una utilidad anual del 10%.
Lo que también han obviado estos economistas, es analizar que corporaciones están girando esas utilidades al exterior, en ello nos encontraríamos con la sorpresa de que el 80% son transnacionales, y que sus casas matrices demandan la remesa de la riqueza, que producimos los argentinos.
Otro elemento relevante, es interrogarse porque las corporaciones obtienen este nivel de rentabilidad con el trabajo de los argentinos, (cuestión que hace suponer, que Ramal no ha concluido el capitulo V. de la monumental obra de Marx). Esto se debe a otro dato objetivo, si uno toma los precios de bienes y servicios en nuestro país, prácticamente la totalidad de los mismos, están a valores internacionales, desde el consumo diario, (ingresar en Wall Mart de EEUU), hasta los durables o semidurables; pero el precio del salario está a valores locales, esto es lo que permite una tasa de rentabilidad diferenciada con los países centrales.
Por supuesto que en el debate, Ferreres argumentaba la devaluación de nuestra moneda, por la brecha entre el incremento de salarios y la evolución del tipo de cambio, cuestión que señala que además de la crisis global, y las urgencias de las casas matrices, existe por parte de las corporaciones vinculadas al mercado externo, la intención de desequilibrar los precios internos, y apropiar riqueza del conjunto de la economía.
El incremento de los salarios, es el resultado de los incrementos previos que realizan las corporaciones sobre los bienes y servicios, donde las paritarias se han transformado en una herramienta que permite recuperar lo que le quitan de poder adquisitivo a los trabajadores durante un año.
En consecuencia, lo que se requiere ajustar es la tasa de ganancia de las corporaciones y no el dólar, o dicho de otra forma equiparar el único factor de producción, que ha quedado a valores locales, el trabajo, con el resto de los precios que se manifiestan a valores internacionales. Equilibrar la oferta con la mayor demanda de los argentinos, direccionando el ahorro en los bancos hacia la inversión, para ampliar la escala a de producción, a una tasa equiparable a las internacionales, y con ello también ajustar la tasa de ganancia de los bancos.
Para este tipo de decisiones, hay tres instrumentos del estado que son antagónicos al modelo, no sólo por quienes son sus autores, (Videla, Martinez de Hoz, Menem y Cavallo); necesariamente se deben reformular en el menor tiempo posible; a) La ley de inversiones extranjeras, b) La ley de Entidades Financieras y c) La Carta Orgánica del Banco Central. El modelo es incompatible con una ley que permite a las corporaciones disponer libremente de las utilidades, las inversiones externas deben tener reglas muy claras, sobre el recupero de la inversión externa, y que porcentaje de las utilidades se les permite girar. La ley de entidades financieras debe considerar a los depósitos como el ahorro de los argentinos, sobre el cual no tienen disponibilidad los agentes del mercado financiero, sino el Banco Central fijando la utilidad a los bancos por el gerenciamiento del ahorro, es decir la tasa de interés; y por último no se puede seguir con un Banco Central cuya carta orgánica, le impide cumplir la función de organismo financiero de la Nación y el Estado Argentino, alcanzando plena soberanía monetaria, tomando los títulos del tesoro que fuesen necesarios, para expandir la economía y mantener equilibrada la oferta con la demanda y las necesidades del consumo popular.
La militancia debe dar una señal muy clara; donde las corporaciones entiendan, que pueden producir una crisis; pero que no la van a poder gestionar en su propio beneficio, sino que el conjunto del pueblo les quitará el control que aún conservan sobre nuestra economía y brindaran un absoluto respaldo al gobierno para tomar las decisiones de estado, que fuesen necesarias en defensa de la riqueza que produce el trabajo de los argentinos.
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