de Gallego Fernández, el Lunes, 10 de octubre de 2011, 1:44
En el portal de Facebook, me encuentro con una recomendación del blog de Anibal Fernandez, donde
recomienda leer una nota de Hernan Brienza publicada en Tiempo Argentino “Lealtad o pirotecnia discursiva”; lo hace considerando que es “ Un buen análisis de Conducción Política”.
No solo me acerca a la nota el interés natural sobre el tema; también es llamativo que un periodista alejado de esta práctica, reciba el elogio y la difusión de Anibal.
Comparto el copete, “no es momento de brindarle títulos a la prensa hegemónica que esmerilen el consenso de los trabajadores hacia Cristina”; no se bien a que circunstancias se refiere pero la afirmación es absolutamente
válida, aún en el caso Sobrero. Es una pena que en el desarrollo de la nota oculte la situación que produce la nota, los títulos de la prensa hegemónica y quienes verbalizaron los títulos.
Es recomendable que los compañeros lean el artículo con detenimiento, porque el brillante análisis de
conducción, se remite a comunicarnos que nuestra actitud debe ser una fe ciega, reduciendo todo un capitulo de Perón, a la frase de que: en última instancia es el resultado el que determina si una conducción es buena o
mala, porque de lo que se trata es de valorar el hecho empírico; cuestión esta que es cierta.
Lo paradójico es que responsabilice a la izquierda peronista de la derrota del 76; cuando fue Perón el que conducía el movimiento hasta el 74; y el que eligió sus sucesores en la conducción (Isabel y Lopez Rega); las decisiones no fueron muy acertadas. Si sentenció que su único heredero es el pueblo, en vez de formalizar la conducción en alguien, como cuando lo hizo en el gordo Cooke, hasta el se había dado cuenta de que el huevo de la serpiente estaba ya instalado.
Esta no es la única paradoja, también responsabiliza al Movimiento Obrero del golpe del 55, el cual según su interpretación debilitó a Perón frente al poder económico concentrado, (el cual había sido desmantelado, por lo que el debate era con el empresariado que se desarrollo en el peronismo), al no aceptar las pautas del Congreso de la Productividad del 54-55; es Perón el que conduce; el dato empírico es que fue un desacierto de Perón, el mismo Perón le reconoce desde el exilio a Cooke el error de no enfrentar la oligarquía.
O tal vez lo que nos quiera decir Brienza, es que no se puede cuestionar al poder concentrado y al imperialismo, que ello requiere de un gradualismo en las decisiones cuya interpretación, se asemeja a la hermenéutica bíblica. De ser así, es también paradójico, porque cuando Perón enfrenta al imperialismo y plantea la alternativa entre Braden o él, acertó en la conducción. Y sin que soplasen vientos revolucionarios; se atrevió a enfrentar al ganador absoluto de la segunda
guerra mundial, colocándose fuera del mundo bipolar que se había diseñado por los imperialismos.
Con asombro nos enteramos que para septiembre del 73, el PRT y Montoneros, comulgaban en la idea de que
la revolución estaba a la vuelta de la esquina; algo también paradójico después de la caída del gobierno de Campora y los hechos de Ezeiza; la gran preocupación por ese entonces, no era solamente la revolución, sino el desconcierto por lo de Ezeiza y la sucesión del liderazgo de Perón.
Lo que si es acertado en el artículo, es la respuesta de Fidel al Robi, por el planteo de sostener una guerrilla rural con un gobierno democrático, lo que no se manifiesta, es que Argentina había roto el bloqueo de EEUU a Cuba, y obligado a las automotrices yankies a exportar vehículos a la isla, con créditos otorgados por Argentina. Cuestión que no deja de ser paradójica, considerando según el autor de la nota, que Perón había interpretado correctamente el golpe de Allende en Chile, y que no se debía molestar al imperialismo.
Es una pena que el autor de la nota, en el extracto que toma de conducción política, no termine de interpretar la conclusión última, de que se juzgan hechos empíricos por los resultados; estos resultados no hacen referencia a una elección sino a los intereses populares, si leyese detenidamente todo el capitulo, comprendería que la conducción no es una cuestión de fe, no se manda, se persuade y generalmente se persuade, cuando la política tiene la suficiente creatividad para hacer posible lo que el pueblo quiere, luego se evalúan los resultados a la luz de los intereses populares y la relaciones de poder que lo expresan.
Es totalmente improbable que la presidenta vire a la derecha, no sólo por las medidas adoptadas durante esta etapa de gobierno; es idiota el que considere, que Cristina desea terminar su gobierno repudiada por la mayoría del pueblo. Lo que si es muy probable, que las corporaciones intenten imponer una matriz distributiva, donde nunca se alcance un orden social de Justicia e igualdad.
Por último es un error brutal considerar que la conducción es acertada por el resultado electoral, o que la militancia reconozca la conducción por el resultado. Esto también es paradójico, ya que el Movimiento Obrero y las Organizaciones sociales y políticas sin peso institucional, fueron quienes bancaron sin titubeos la conducción de Nestor en la derrota del 2009. Porque la conducción se reconoce cuando se persuade con política; lo pedagógico de este proceso, es que las medidas estructurales más significativas se tomaron en los momentos de mayor debilidad, (reestructuración de la deuda, estatización de las AFJP y la ley de medios, esto también es paradójico.
Después del análisis de Conducción política del articulo, creo que es paradójico que se recomiende, no merece la consideración que le hace Anibal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario