Como resultado de posiciones contrapuestas, entre el gobierno y la CGT, pareciera que se abrió un registro de lealtades incondicionales, donde los militantes están obligados a registrarse. Desde ya, que el registro en un lado, califica a los otros como traidores.
Tampoco existe demasiada claridad en las posturas que se fueron asumiendo públicamente, como para interpretar de manera inequívoca las diferencias; lo cierto es que los medios masivos de comunicación ya instalaron el término confrontación y en las redes sociales se libran cruzadas de lealtad y descalificación.
El discurso que orientó hoy la CGT, tiene una chatura insalvable, la que se puede resumir en: “nos vamos del PJ porque nos ningunearon en las listas; queremos la plata de las obras sociales y nos cagamos en todas las evidencias de maniobras fraudulentas con los medicamentos; y el poder adquisitivo de los trabajadores estamos dispuestos a negociarlo con el maquillaje del salario por hijo y la quita del impuesto a las ganancias”. La cuestión del changuito y la góndola, como el derecho constitucional a participar en las ganancias y la dirección de las empresas, quedó en el 50% negociable.
Tal vez, le garantice al titular de la CGT la reelección en Julio, y neutralice las acciones de quienes desean el sindicalismo gerencial del menemismo en la central obrera; pero esta aspiración, está muy lejos del debate sobre el pleno empleo, el trabajo registrado, la matriz distributiva, y los grados de libertad que garantizan el acceso a la vivienda, salud, educación, y protección, para quienes no pueden valerse por sus propios medios.
Tampoco es tranquilizadora, la postura del gobierno al sostener, que un derecho constitucional de los trabajadores, no se puede legislar, sino que se resuelve por las leyes del mercado; y decirlo en el ámbito de la UIA, es para felicidad de los presentes. No aporta mucho, las referencias elípticas a episodios extorsivos de los dirigentes sindicales, da escalofríos la cercanía de este discurso, con el de los monopolios, cuando el titular de la CGT, bloquea una fábrica, porque no quieren encuadrar gremialmente a los trabajadores. A todo esto, debemos añadir un proyecto de ley antiterrorista, hecho a la medida de EEUU y los GE, donde cualquier conflicto social y sectorial, puede ser interpretado por un juez, como una acción terrorista.
A la luz de los intereses populares, esta confrontación, los gestos y pronunciamientos, tiene como únicos beneficiarios a los sectores dominantes, que apropian la riqueza del trabajo de manera desmedida y obscena; el mandato de las urnas es construir un orden social de justicia e igualdad; si nuestra agenda política carece de las transformaciones que se requieren para ello, si los militantes no tienen como mandato construir poder popular, para luego, sustentar esas transformaciones con decisiones de gobierno, y si las demandas populares no tienen referencia política donde se canalicen y se vinculen al estado; lo mas probable es que todos terminen involucrados en la cruzada de lealtades y descalificaciones, dejándole al mercado y quienes lo controlan, la tarea de producir el orden social.
Para responder a los intereses populares, es insalvable cuestionar los intereses del poder económico, la ausencia de esta premisa, en esta confrontación; es la imagen de felicidad que nos devuelve hoy la UIA, reunida de apuro, en la casa de Mendiguren.
La memoria, no se puede reducir a la acción criminal de quienes materializaron un genocidio, sino a quienes tomaron la decisión política de hacerlo, son los mismos que se beneficiaron con la estatización de la deuda externa privada, los que participaron del festival de bonos de Alfonsín, la patria contratista y desembocaron en la hiperinflación del 89; los que se repartieron con la banca externa el patrimonio de los argentinos en la época de Menem, y los que destruyeron y fugaron la riqueza de los argentinos en el 2000, los mismos a los cuales, tuvimos que pagarle la pesificación asimétrica, o les permitimos que incrementen los precios y acumulen utilidades impúdicas. El enemigo acá, es el poder económico concentrado y asociado al imperialismo, toda confrontación que no tenga presente esta premisa, es una discusión banal para nuestro pueblo.
Sería lamentable que bajo el argumento de la crisis del capitalismo, se sostenga que no se puede afectar sus intereses, esto si es contradictorio, porque uno de los pocos lugares en el mundo donde pueden sostener la tasa de ganancia es en América Latina; lo que no puede suceder, es que la tasa de ganancia del poder económico, sea la que diseñe, la economía que necesitamos los argentinos, para alcanzar una patria libre, justa y soberana.
Considero de una ingenuidad absoluta, pensar que el poder económico, no esta elaborando un diseño para poner a este gobierno de rodillas, al gobierno se lo fortalece con consenso popular y organización, y esto solamente se logra cuando hay objetivos políticos en alta sintonía con los intereses populares, no hay que interpelar al gobierno desde la representación de los trabajadores, hay que interpelar al poder económico, y no recuerdo ningun escenario de disputa de poder real, en el que el gobierno haya tomado decisiones contrarias al interés de la mayoría.
Tampoco se construye poder popular, enumerando solamente lo que hicimos, es hora de responder al mandato de las urnas, diciendo como hacemos lo que aún nos falta, en estos ejes se puede apreciar, quien está con el pueblo y el gobierno, la legitimidad de la representación de los trabajadores, y quien defiende los intereses del poder económico.
MLCM
El gallego
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