Gallego Fernández, Lunes, 8 de octubre de 2012 a·
En esos minutos interminables, que transcurrieron hasta conocer el resultado electoral, por parte de la autoridad venezolana; sentí la gélida noche del imperialismo sobre nuestros pueblos, se amontonaban las imágenes y vivencias de las derrotas más tremendas.
Trataba de superar el miedo que me acompañó toda la semana, desde la escasa racionalidad, que se puede manejar en situaciones de ansiedad extrema; se amontonaban las reflexiones previas; aún así, lo llamativo en ese momento crucial, era que no me interrogaba por Chaves o por el pueblo venezolano; sino que me consideraba involucrado en el resultado, sentía propio ese resultado; jamás había experimentado una pertenencia tan profunda a nuestra identidad latinoamericana, un destino concurrente de realizaciones comunes.
El alivio del resultado, empezó a dar paso a la racionalidad; ahora puesta en jaque por la emoción de haber triunfado; pero ese miedo aterrador, me seguía interpelando, necesitaba descubrir su génesis; lo obvio era que estaba en el monumental relato de Galeano, sobre Las Venas Abiertas de América Latina. Pero también en las situaciones del presente.
El impacto de la derrota, sobrevolaba todo el continente, desde el amenazante 8N en nuestra patria; al destino de la lucha estudiantil en Chile, el abastecimiento de petróleo a los hermanos cubanos, y la amenaza latente sobre el Amazonas; el proceso de paz en Colombia, la resistencia al saqueo de los recursos naturales, o la imposibilidad de retomar un proceso popular en Paraguay y Honduras; los levantiscos de la medialuna Boliviana, el aislamiento y derrota del proceso ecuatoriano; desde la postergada reconstrucción de Haití, hasta la posibilidad de integrar México hacia el sur; de la reconstrucción de Nicaragua, hasta la influencia en las ex – colonias del Caribe.
Que sería de la integración y apertura hacia los pueblos de medio oriente, la articulación con los países del BRIC’S, de las instancias que reunieron a los estados latinoamericanos, expresando la voluntad de nuestros pueblos, del ALBA, la UNASUR, la CELAC, el Mercosur. El cipayo de Insulza en la OEA, expresaba en sus declaraciones la voluntad de constituirnos nuevamente en el patrio trasero de los Yankys.
Todo esto se jugaba en un resultado electoral; en las manos del pueblo venezolano, y de los liderazgos del PSUV, estaba el devenir de los próximos 10 años; y el temor se nutría, de 14 años en el gobierno, que inexorablemente producen desgaste; un proceso inflacionario que socaba los logros y pone incertidumbres en el futuro. Un candidato del enemigo, que centra su discurso en la situación de quienes no han salido de la pobreza. Y en este repaso, de aquello que alimenta el terror al imperialismo, uno se encuentra con los motivos últimos del miedo; y no son precisamente los que provoca la dominación del imperio; sino la fragilidad del proceso de integración.
La impronta del comandante Chavez, no es menor en el proceso, todos conocemos el compromiso militante, que asumió en la cumbre de Mar del Plata, en los resultados electorales, que fueron instalando gobiernos populares en el continente, en el señalamiento permanente a las intervenciones de la OTAN, destinadas al saqueo. Los avances para constituir instrumentos económicos y de defensa de nuestros pueblos, el Banco del Sur, el Sucre, la integración de las FFAA, en todo está la impronta de este liderazgo.
La patria grande, ya no puede descansar sobre la voluntad de un puñado de liderazgos constantemente jaqueados en los procesos electorales, por candidatos construidos a la medida del imperio; se necesita de manera urgente la Unidad Política de los pueblos, ella es la que puede salvaguardar todos los esfuerzos de integración en el plano económico, tecnológico y militar; la integración cultural es un hecho, el reconocimiento como hermanos en una patria es un sentimiento en las mayorías populares de nuestra América. Tan sólo falta que los liderazgos actuales depositen en nuestros pueblos el protagonismo de constituir la Patria Grande, avanzar decididamente hacia la Constituyente de un gobierno Latinoamericano.
Seguramente si esto ocurriera, se limitaría al extremo, la posibilidad de intervención del imperio, se ajustarían la estrategias parciales, a una estrategia general para vincularnos al nuevo orden mundial como una gran nación, la Nación Latinoamérica. El día que esto suceda, no tendría tanto temor por un resultado electoral y el destino de nuestros pueblos.
Por el momento, solo resta decir, gracias comandante Chávez, por tanto amor a Latinoamérica, gloria eterna al pueblo Venezolano, que nos permite superar los miedos y recorrer los sueños independentistas de Bolívar y San Martín.

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