militantes comprometidos

jueves, 14 de abril de 2011

LA CALIDAD DEL VOTO Y LA CUESTION DE LA DEMOCRACIA

LA CALIDAD DEL VOTO Y LA CUESTION DE LA DEMOCRACIA


.de Gallego Fernández,

"Las provincias más pobres no tiene una gran calidad de voto"; sentenció Pino Solanas para explicar la pobreza en adhesiones que recibió su fuerza política en Salta y Catamarca. Esta postura, se puede interpretar como antagónica a su producción fílmica, donde sus construcciones simbólicas estuvieron destinadas a darle voz a las mayorías populares, y los sectores mas empobrecidos de la sociedad.



Quienes conocemos a Pino, sabemos que es portador de una excesiva carga narcisista, pero ello en si mismo no explica su conducta, o por lo menos no lo hace en términos políticos, sino síquicos. Tampoco es apropiado, caracterizarlo de oportunismo; si esto último fuese lo determinante, estaría en el Frente para la Victoria, de hecho, sobran picaros en nuestro espacio.





Tampoco es sencillo conciliar el relato en defensa de las riquezas naturales y el interés nacional, con el menosprecio a la soberanía popular, de los espacios sociales más postergados de nuestra patria; la explicación en si misma, no da cuenta del resultado de su fuerza, en Chubut.





Estas declaraciones no generan tensiones político-ideológicas en los referentes de las distintas fuerzas, que integran el Frente del Sur; espacio en el que confluyen dirigentes y militantes, con trayectorias y luchas valorables, a pesar de las diferencias insalvables que hoy nos ubican en espacios diferentes.



Aquello que observamos como contradicción en su conducta, es a la vez una plena coincidencia con las expresiones políticas, que representan a los sectores dominantes, no está muy lejos de Sanz, en las apreciaciones que formulará, sosteniendo un incremento del juego y consumo de estupefacientes, a partir de la Asignación Universal por Hijo, o las visiones de Carrio y el progresismo, sobre conceptualizar de clientelismo a las mayorías electorales que no adhieren a sus posturas políticas.



De esta coincidencia tampoco quedan exentos varios dirigentes y militantes que integran el Frente para la Victoria, los que, analizaban el resultado electoral del 2009, desde un corrimiento a la derecha de la sociedad, o renegaban de la voluntad expresada en las urnas, considerándola ingrata frente al proceso; menos mal que la lectura de Néstor fue otra.



Todos aquellos que tienen una concepción liberal de la democracia, entienden al pueblo como objeto de la política, a los sectores populares como predicado de sus discursos, y al poder como expresiones cuantitativas de los procesos electorales, que luego se miden en la cantidad de funcionarios que acceden al control del Estado en los poderes de la republica. La fuerza política es un aparato plebiscitario, que vende un producto electoral, cuya presentación, esta dirigida a lo que se considera, un segmento de la demanda política conformada por votantes. La gestión política del estado, es en consecuencia, la capacidad de reconocer las relaciones de poder en la sociedad, y tomar decisiones políticas para cada tema, sin que produzca desequilibrios que afecten la gobernabilidad es decir las relaciones de poder existentes, esto también explica porque los progresismos opositores, se convierten en conservadores cuando gobiernan.



Jamás pueden observar al pueblo como sujeto, y la fuerza política como organización que lo vincula al estado para expresar sus demandas e intereses, esta dimensión de la democracia es negada, por la denominada izquierda, al poner a prueba de manera permanente las condiciones de liderazgo de quienes integran las organizaciones políticas; y es despreciada por las expresiones de derecha ya que la organización popular pone en crisis la legitimidad de los intereses de las minorías, al modificar las relaciones de poder en la sociedad.



En consecuencia no hay contradicción, en el cine de denuncia de Pino, y sus declaraciones, la construcción simbólica, nunca estará acompañada de una propuesta política donde el rol de los militantes sea organizar las demandas populares y vincularlas al estado con propuestas políticas; sino que la carga ideológica de la película, sea valorada por los sectores populares y reconozcan en el liderazgo de quien la produce el carácter de sujeto político en la competencia electoral, y el desempeño de una función en el estado. Por ello Pino comete el sincericidio de señalar que son pueblos que no tienen acceso a la cultura, (cuando es él, quien no puede acceder a sus pautas culturales), como también hay muchos compañeros que consideran conservadores a este electorado, para disimular la incapacidad de conducir procesos transformadores.



Toda crisis de representatividad deviene de la práctica liberal de la democracia, donde la política se concibe como instrumento para promover el control del estado, pero jamás como herramienta liberadora de nuestro pueblo, en consecuencia el estado queda sometido a relaciones de poder que siempre son favorables a las minorías. En ello se aprecia las coincidencias entre quienes se autoproclaman de izquierda o derecha o los peronistas liberales, quedando subsumidas las posturas ideológicas en las relaciones de poder, que no pueden o no quieren; alterar de manera favorable para el pueblo. Pino y el resto de los liberales, antes de demandar calidad en el voto, lo que deberían observar es la calidad de liderazgos que expresan.





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